Los bebés aprenden a moverse solos

bebésEs común ayudar a nuestros pequeños a moverse y que les enseñemos a sentarse y a caminar. Tras varios estudios, se concluyó que el desarrollo motor surge de manera espontánea y que las enseñanzas de los grandes pueden no ser lo mejor para los chicos.

Cuando nace un niño, sus padres, aunque disfrutemos plenamente de cada etapa, imaginemos con ilusión el próximo paso del bebé ya sea cuando sostenga la cabeza, cuando se siente, cuando camine… Así, por ejemplo, los sentamos protegidos y hasta sostenidos por almohadones para que no puedan caerse, porque todavía no pueden mantenerse erguidos. O, con pocos meses de vida, los ponemos de pie pensando que ellos lo piden, malinterpretando una necesidad del niño de ser llevado en posición vertical para observar el mundo desde esa perspectiva.

¿Pero no es bueno que “ayudemos” a nuestros niños y les “enseñemos” a realizar movimientos? “Ayudar” a los niños cuando ellos no están listos para realizar ciertos movimientos por sí mismos es perjudicial. Muchas veces el adulto actúa motivado por la costumbre: estamos habituados a hacerlo, y eso nos resulta habitual. Pero que exista el hábito no significa que sea beneficioso.

Al poner al niño en una postura que no podría adoptar por sí mismo lo obligamos a estar inmóvil. Si, por ejemplo, echamos boca abajo a un bebé pequeño, en contraposición con dejarlo boca arriba, donde puede moverse, tomar sus pies, mirar para los costados, estamos frenando su capacidad de movimiento. Las posiciones en las que ponemos a los niños no son normales para él o ella; como consecuencia, la postura de los músculos no es natural, es forzada, y los músculos quedan tensos o con malas posiciones. El niño que hemos puesto en una posición a la que no puede llegar solo, queda condenado a depender del adulto para cambiar de postura. Estaremos fomentando su dependencia del adulto y frenando su desarrollo autónomo.

Para permitirles libertad de movimiento a los niños, es importante que ellos tengan espacio suficiente para moverse y ropa que les permita mover sus miembros cómodamente. El espacio para los niños debe además ser seguro y estar adaptado a ellos. Y si bien el adulto está siempre junto al niño y lo incentiva a desarrollarse, no debería ofrecerle su ayuda en lo que a movimientos respecta: no se le sienta, no se le pone de pie, no se le ofrece un dedo para que pueda sostenerse ni se le “tienta” con juguetes para que avance. Por último, el adulto debe mantener con el niño una relación paciente y respetuosa.

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